lunes, 21 de mayo de 2012

Escudo


Escudo, originalmente cargada por JOSACA.

El día 17 de julio del año 1523 el Papa Adriano IV nombra a Fray Diego Fernández de Villalán obispo de Almería a instancias del heredero de los Reyes Católicos, Carlos V. El 10 de noviembre de ese mismo año toma posesión, por poderes concedidos por el deán de la catedral Don Francisco Ortega.
Natural de Valladolid, era predicador de los Reyes Católicos y amigo del Cardenal Cisneros, confesor de la reina. A su vez, Cisneros había sido presentado a Isabel I de Castilla por el impulsor de la primera catedral, Don Pedro Fernández de Mendoza. Diego Fernández de Villalán se traslada a la capital apenas cuatro meses después de tomar posesión de su cargo, convirtiéndose en el primer obispo que fija su residencia en ella. Con carácter inmediato se planteó organizar la Diócesis, para lo que proyecta la construcción de numerosos templos. Desde ellos se controlarán y adoctrinaran a los "nuevos cristianos" que, de origen musulmán o judío, habían adoptado la fe católica. El propósito era facilitar y hacer posible la convivencia dentro de la triunfante sociedad católica. Continuaba así la obra emprendida por el obispo Don Pedro González de Mendoza.
La construcción de una catedral en Almería rigió la vida y la obra del obispo Diego Fernández de Villalán. Para conseguir su objetivo tuvo que enfrentarse a la pobreza en la que vivía inmersa la población de la comarca y someter la rebeldía de los nobles almerienses. Éstos se opusieron enérgicamente a la injerencia del clero en sus asuntos económicos planteando una ardua batalla contra el creciente poder de la Iglesia en sus feudos.
Los habitantes de Almería querían que el gran templo se construyera en la Almedina, lugar en el que estuvo ubicada la Mezquita Mayor y posteriormente la primera catedral iniciada por el obispo Don Pedro González de Mendoza y que fue destruida por el terremoto de 1522. Rehuyendo de cualquier idea que supusiera continuismo respecto a sus predecesores, Diego Fernández de Villalán se empecinó en conseguir que se erigiera en un espacio que nada tuviera que ver con edificios emblemáticos anteriores. La obra tenía que vincularse, desde su inicio hasta su finalización, solamente a su nombre. La nueva catedral tendría que estar solamente asociada a la persona de su fundador. Su escudo se colocará, como sello incuestionable de autoría, en las dos fachadas renacentistas, sobre la entrada de la sacristía, en una capilla del ábside y en uno de los torreones defensivos de poniente.
A tal grado llegó la presión de la aristocracia almeriense en sus reivindicaciones contra el vallisoletano, que en 1534 el Emperador ordenó paralizar los trabajos y solicitar información sobre lo que estaba aconteciendo. Contando con el apoyo del ejército en plaza y la mayoría de los jueces, consiguió del soberano una resolución favorable para su proyecto. Su principal opositor era el conde de Tendillas, pues sostenía que la catedral sería mucho más fácil de defender dentro de la Almedina. Villalán alegó que el templo era en sí una fortaleza y que reforzaría la zona de la Musalla.



La ubicación de la Catedral formó parte de la estrategia defensiva de la ciudadEl día 4 de Octubre de 1534, onomástica de San Francisco, fundador de la orden en la que el obispo tomara sus votos (Orden de los franciscanos), una regia procesión salió de la iglesia que lleva nombre de este santo, encabezada por Villalán. Cuando llegaron al lugar en el que habría de edificarse la catedral, fue colocada solemnemente la primera piedra. El 28 de ese mismo mes, donde hoy se encuentra la Capilla Mayor, se colocó un gran crucifijo de madera para que presidiera las obras, según dictaba la costumbre.



Edificada en el centro de la antigua medina árabe, la necesidad de terreno hizo imprescindible el derribo de muchos edificios, la mayoría de ellos casas moriscas. Sufragando con los diezmos eclesiásticos, todas fueron compradas por el obispo, tal y como queda reflejado en distintas actas notariales de la época. Villalán levantó su catedral en el mismo corazón de la antigua ciudad árabe.
La construcción de la catedral duró treinta y cinco años. Ocupó una superficie de más de cinco mil metros cuadrados, siendo concebida como un templo-fortaleza en la que pudieran refugiarse los habitantes de Almería, en caso de ataques piratas y rebeliones de los moriscos y árabes insumisos. Si bien la Alcazaba cumplía también ese cometido, el templo en la villa se convirtió en una especie de ciudadela en la que, física y espiritualmente, se brindaba protección a cuerpos y almas. Aunque no llegó a verla totalmente terminada, Diego Fernández de Villalán tuvo la satisfacción, antes de su fallecimiento, de poder cantar en ella el primer Te Deum.
El primer cuerpo de la fachada principal está dedicado al obispo constructor, Diego Fernández de Villalán, tiene en su vértice central el escudo del mecenas constructor con los cordones jerárquicos de su timbre arzobispal, sostenido por dos ángeles tenantes.
El protagonismo del escudo es incuestionable y constituye, junto al de Carlos V y a la imagen de la Virgen, uno de los tres puntos visuales más destacados de la portada catedralicia. Los ángeles que custodian el escudo de Villalán sostienen con una mano el cordón arzobispal y en la otra llevan una granada, fruta asociada a la abundancia. TambiénMotivos arquetectónicos era símbolo iconográfico del recién conquistado Reino nazarí de Granada, al que entonces pertenecía la provincia de Almería. Al lado de cada uno de ellos, colgada de una anilla que parece salir del muro, cuelga un racimo formado también por racimos de esa fruta.

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